Como muchos otros carnívoros, los hurones tienen glándulas odoríferas junto al ano. Las segregaciones de éstas se usan para marcar el territorio. Se ha demostrado que los hurones pueden identificar si una marca fue dejada por macho o una hembra. Como la mofeta, el hurón puede usar sus glándulas perianales cuando se excita o se asusta, pero el olor desaparece rápidamente. También estas glándulas tienen la función de lubricar sus deposiciones (por lo que su falta les hace más propensos a sufrir prolapso rectal y otras dolencias). La mayoría de los hurones se venden con las glándulas quitadas. Pese a ello, cabe decir que no es verdad que quitándoles las glándulas perianales desaparece su olor, tan sólo es una invención. La solución para eliminar el olor que se genera en algunos casos durante el celo, normalmente en machos, es castrarlos (quirúrgicamente o químicamente), pero quitándoles dichas glándulas (que por otro lado segregan un lubricante natural para las heces que es muy necesario en el caso de los hurones) solo se consigue dañarlos, ya que es una operación muy delicada y peligrosa. Se ha comprobado, por tanto, que no es necesaria la extirpación de dichas glándulas, ya que los gases que raramente expulsan (en situaciones de estrés o peligro) desaparecen enseguida, y el verdadero causante del olor de los hurones es una serie de glándulas situadas principalmente en la base de la nuca, aunque hay más repartidas por todo el cuerpo, que segregan un aceite que ayuda a proteger su pelaje y que producen un olor más intenso en la época de celo.
En los Estados Unidos se conoce que muchos hurones sufren varios problemas de salud. Los más comunes son los cánceres que afectan a la glándula adrenal, al páncreas y al sistema linfático.
Enfermedad adrenal
La enfermedad adrenal, un crecimiento excesivo de las glándulas adrenales que puede ser producido por hiperplasia o cáncer, es usualmente diagnosticada por los síntomas como la pérdida de pelo, incremento de la agresividad, y (en las hembras) ensanchamiento de vulva. Incluso si el crecimiento es benigno, puede causar un desequilibrio hormonal que puede tener efectos devastadores en la salud del hurón. Algunas opciones de tratamiento son extirpar las glándulas afectadas y terapia de esteroides u hormonas. La causa de la enfermedad adrenal es desconocida, pero algunos especulan que los ciclos de luz artificiales a los que los hurones son expuestos (alteración del fotoperiodo) puede o contribuye al crecimiento de esos tumores. Otros sugieren que el problema es hereditario, hay estudios6 que recogen la incidencia de la enfermedad adrenal en función del origen del hurón (línea genética), y también se ha especulado mucho que puede ser producida por una castración precoz, antes de las seis semanas de edad. Pero a día de hoy ya hay estudios científicos ("Hyperadrenocorticism in ferrets" del Dr. Nico Johannes Schoemaker, Faculty of Veterinary Medicine de Utrecht, Holanda) que han determinado la relación directa entre la castración, sea cual sea la edad a la que se le practique, la aparición de la enfermedad adrenal.
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